La conductora televisiva Viviana Canosa bebió dióxido de cloro (CDS) en vivo y el El Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM) reconoció este jueves que analiza posibles sanciones.

Se trata de un químico potencialmente peligroso, desaconsejado por la Anmat, promocionado como supuesta cura para el coronavirus.

«Vamos a despedirnos, voy a tomar un poquito de mi CDS, oxigena la sangre, viene divino, yo no recomiendo, les muestro lo que hago», dijo luego de darle un trago largo a la bebida.

Días atrás, la conductora había tuiteado de manera escueta: «Yo tomo #CDS» junto a un hashtag que nombraba a Andreas Kalcker, un autodenominado «investigador» que promociona las cualidad curativas de la sustancia.

En este sentido, Gustavo López, vicepresidente del ENACOM explicó que “el 21 de marzo, es decir al día siguiente de la cuarentena, hicimos recomendaciones de cómo tratar el tema del coronavirus, y hace un mes volvimos a reiterar esas comunicaciones”.

Y siguió: «En el artículo 70 de la ley de servicios de comunicación audiovisual se sanciona a aquellos licenciatarios que den información falsa o puedan dar algún tipo de información que ponga en riesgo la salud o la vida de las personas. En cualquier caso, vamos a actuar en consecuencia”.

Sin hacer alusión a la acción de Canosa, pero en referencia a las buenas prácticas en los medios de comunicación, Claudio Ambrosini, titular del organismo, sostuvo que “no podemos hablar a la ligera en la televisión de cualquier tema, no sería lo conveniente y menos en este momento tan delicado que está viviendo la Argentina y el mundo».

En ese sentido, Ambrosini señaló que desde el comienzo de la pandemia, el organismo apeló “a la comunicación responsable y a que se consulte a sitios estatales o prestigiosos en cuanto a la temática de salud”.

El dióxido de cloro, una solución al 28% de clorito de sodio en agua destilada que se usa como blanqueador y para descontaminar superficies industriales, lleva años publicitándose como un remedio para muchas afecciones y enfermedades que van desde malaria, a la diabetes y asma, el autismo o incluso el cáncer.

Sin embargo, ninguna institución sanitaria lo reconoce como medicamento. La lista de contraindicaciones es larga y diversas autoridades han lanzado contundentes advertencias contra su uso. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, en inglés) afirmó en una nota del 8 de abril que no hay «ninguna evidencia científica que apoye su seguridad o eficacia, y presenta riesgos considerables a la salud de los pacientes».

Tan solo dos días atrás, la Anmat desaconsejó su usó como tratamiento para el Covid-19 y destacó que su ingesta puede causar «irritación en el esófago y estómago, dolor abdominal, náuseas, vómitos, diarrea e intoxicaciones severas, entre otras complicaciones que pueden incluir graves trastornos hematológicos, cardiovasculares y renales».