El último día de la campaña para el balotaje de mañana domingo en Brasil mantuvo la misma tónica que las semanas previas: los dos candidatos disparándose descalificativos y lanzando alarmas de todo tipo, pero con un ojo en las encuestas que en estos días marcaron un achique en la ventaja del ultraderechista Jair Bolsonaro sobre el petista Fernando Haddad.

De los 18 puntos que tenía de ventaja Bolsonaro en la primera encuesta luego de la elección del 7 de octubre, pasó a 12 esta semana. Haddad acortó seis puntos, pero el favoritismo de Bolsonaro se mantiene.

Ayer viernes, el candidato del Partido Social Liberal (PSL) se valió de la prisión del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva para descalificar a su rival del Partido de los Trabajadores (PT). Bolsonaro atacó por el flanco de la corrupción en el PT. «La corrupción es una plaga que saca la comida de la mesa, que saca a los niños de la escuela» e impide el desarrollo de un país, afirmó un locutor en el espacio de Bolsonaro en la TV, agregando que Haddad «fue a la cárcel a pedir la bendición de Lula» para ser candidato.

Bolsonaro, que lleva tres décadas como diputado, se presentó como un político «limpio» ante la Justicia y como un candidato «antisistema».

«Soy una amenaza para los corruptos», declaró en su último espacio de propaganda, en el que se presentaron videos con confesiones de prácticas corruptas que funcionarios del PT prestaron ante la Justicia. En uno de ellos, el exministro de Hacienda Antonio Palocci da detalles sobre escándalos que salpicaron a Lula, mientras Bolsonaro se refería a Haddad como «el fantoche del presidiario».

Bolsonaro recibe la condecoración de la banda negra de Jiu-jitsu. Foto: AFP

Haddad, por su parte, insistió en que apoyar al candidato de la ultraderecha supondrá favorecer «el odio y la violencia» en Brasil.

En su espacio, la campaña del PT volvió a criticar la negativa de Bolsonaro a participar en los cuatro debates previstos en televisión para las últimas tres semanas. «Bolsonaro huyó del debate y se esconde para esconder del país sus declaraciones desequilibradas», dijo un locutor, tras lo cual fueron exhibidos vídeos con polémicas afirmaciones del candidato de la ultraderecha, todas de carácter machista, racista u homofóbico.

Bolsonaro argumentó para no ir a los debates que todavía se recupera del acuchillamiento que sufrió el 6 de septiembre en un acto previo a la primera vuelta del 7 de octubre.

El PT también proyectó videos en los que Bolsonaro se dice favorable a la tortura y defiende la dictadura que gobernó Brasil entre 1964 y 1985, y otros en los que promete «fusilar» a los seguidores del PT o «barrerlos de la Patria».

Según el último sondeo, difundido el jueves por Datafolha, Haddad ha recortado la diferencia con Bolsonaro, pero aún así el candidato del PSL ganaría con un 56% de los votos, frente al 44% que obtendría el del PT.

Fernando Haddad. Foto: EFE

 

Apoyado en ese claro favoritismo que le atribuyen las encuestas, el líder de la ultraderecha aseguró que «existe una posibilidad concreta y real de ganar las elecciones», por lo que instó a sus seguidores a mantener la «unidad» y la confianza.

«Si esa es la voluntad de Dios, estoy listo para cumplir esa misión», manifestó Bolsonaro sobre su previsible victoria.

«Antifascista»

Mientras los candidatos quemaban sus últimos minutos en televisión, en las calles se mantenía el clima de tensión y división.

Agentes policiales realizaron operaciones en decenas de universidades públicas brasileñas para exigir el retiro de pancartas «antifascistas» y la anulación de conferencias sobre la democracia, por considerarlas propaganda electoral ilegal contra Bolsonaro. Los procedimientos fueron ordenados por tribunales electorales, provocando protestas de estudiantes y profesores y denuncias de «censura». Según la prensa, hubo en los últimos días por lo menos 35 intervenciones.

La propia presidenta del Tribunal Superior Electoral (TSE), Rosa Weber, recordó ayer viernes en un comunicado que la legislación que veda la propaganda electoral en universidades públicas y privadas «no alcanza, evidentemente, a la libertad de manifestación y de expresión».