Jair Bolsonaro ganó ayer domingo la presidencia de Brasil prometiendo mano dura a los brasileños hartos del crimen y la corrupción. Bolsonaro recibió casi el 56% de los votos, ya fuera del alcance de su rival Fernando Haddad, que se quedó con el 44,5%

Los 147 millones de electores convocados en el balotaje presidencial votaron en un ambiente de fuerte polarización. Uno de los factores que contribuyó a la polarización fue el veto judicial a la candidatura delexpresidente Luiz Inácio Lula da Silva (PT), quien está cumpliendo condena de cárcel por corrupción.

Las encuestas daban a Lula como favorito incluso por encima de Bolsonaro. Sin Lula como candidato, Bolsonaro comenzó la campaña con una clara ventaja en los sondeos. Y en la primera vuelta, obtuvo un 46,03% de apoyo, seguido por Haddad con 29,28%.

Es que el repentino salto de Bolsonaro fue impulsado en buena medida por el rechazo al izquierdista Partido de los Trabajadores que dirigió a Brasil durante 13 de los últimos 15 años y fue desbancado hace dos años en medio de la peor recesión y el mayor escándalo de sobornos y corrupción en la historia del país.

Y Bolsonaro se presentó como alguien libre de mancha, un «salvador» que, con mano dura, va a acabar con la corrupción y a conseguir que el país sea más seguro.

 

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Muchos de quienes votaron por él este domingo también lo hicieron para evitar a toda costa el regreso del PT al poder, que perdió así la primera de las últimas cinco elecciones presidenciales. 

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El ultraderechista, de 63 años, ha prometido combatir el crimen en las ciudades y el cinturón agrícola de Brasil dándole a la policía más autonomía para disparar a delincuentes armados y facilitar las leyes a fin de permitir que los brasileños compren armas, una demanda de uno de sus mayores partidarios, el poderoso lobby de los agricultores.

Ya el 7 de octubre había estado a punto de obtener la victoria en la primera vuelta con 46% de los votos, y su fuerza política, el hasta entonces minúsculo Partido Social Liberal (PSL) se convirtió en la segunda mayor representación en la Cámara de Diputados.

En los últimos días de la campaña, Bolsonaro no abandonó su estilo provocador y hace tan solo una semana dio su «pésame» a la «prensa vendida», agradeció a sus seguidores porque «están salvando nuestra patria» y dijo que el encarcelado expresidente Luiz Inácio Lula da Silva «va a pudrirse en prisión».

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Para muchos analistas y políticos de centro izquierda, la ausencia de una autocrítica en el PT frente a los graves escándalos de corrupción es una de las claves de la victoria de Bolsonaro.

«Hagan un mea culpa, pidan disculpas, tengan humildad», pues de otro modo «van a perder las elecciones y bien feo» y será «porque hicieron muchas tonterías y se creyeron dueños del país», dijo hace unos días el laborista Cid Gomes, paradójicamente, al anunciar su apoyo «crítico» a Haddad para la segunda vuelta.

Su hermano, el también líder laborista Ciro Gomes, ex candidato presidencial que quedó tercero en la primera vuelta del 7 de octubre, declaró su rechazo a Bolsonaro, a quien tildó de «neonazi», pero en la misma línea dijo que para él «ya no es posible seguir en política junto al PT».